27-04-2019 Los órganos de Montoro

                             NÚMERO DE ASISTENTES: 58

 

Había mucho interés por conocer este recorrido (uno de los más sonoros de esta zona) pero los accesos a esta parte de la comarca del Maestrazgo no son muy recomendables para ir en autobús, así que cuando se hizo la excursión previa para determinar los recorridos, ya nos dimos cuenta que no podíamos arriesgar a llevar un autobús de más de 60 plazas so pena de quedarnos encajonados en cualquiera de las múltiples “trampas” de estas estrechas carreteras. Una pena, porque estos lugares bien se merecen una visita por sus múltiples encantos paisajísticos, que se ven ninguneados por la dificultad que presentan sus accesos.

Llegó el día de la excursión y la meteorología nos obsequió con un día espléndido de sol y con las gentes del lugar que estaban celebrando la romería de San Marcos que reúne a los vecinos de Montoro de Mezquita y Villarluengo el sábado siguiente a cada 25 de abril y que les lleva hasta la ermita de San Pedro.

Comenzó el recorrido de la excursión “larga” en el cruce de la A-1702 con el desvío que lleva a Montoro de Mezquita y que se realizó caminando por el arcén de la estrecha carretera ya que el autobús no puede llegar a dicho pueblo por lo sinuoso de la misma.

Llegando a Montoro de Mezquita

Una vez en Montoro, ya nos enteramos de que enseguida iba a comenzar la romería. Así que nos adelantamos para no entorpecer la misma y de paso para “alcahuetear” como funcionaba dicha romería.

Montoro de Mezquita

Las primeras rampas ya hacían presagiar que los resoplidos iban a amenizar buena parte del recorrido, pero de vez en cuando se interrumpía la subida con la magnífica excusa de hacer fotos del paraje y de este modo recuperar el aliento.

Ermita de San Pedro

Una vez llegados a la ermita, ni una sola queja salió de la boca de nadie (creo que muchos no tenían fuerza ni para abrir la boca) y tras hacer la foto de grupo, esperamos con cierta curiosidad la llegada de los “romeros de Montoro” que se componían de un abanderado, el cura de la comarca rezando una letanía y media docena de hijos del pueblo llegados para la ocasión, ya que dicho pueblo cuenta en la actualidad con tres vecinos.

Llega la romería de Montoro

Una vez saciada la curiosidad, continuamos nuestro caminar hacia el Hostal de las Truchas salvando unas fuertes rampas. En una de ellas, nos encontramos de cara con los romeros de Villarluengo que iban a unirse a la fiesta, con la misma formación que los de Montoro pero en esta ocasión compuesto de no menos de 70 personas de todas las edades, divididas en varios grupos.

Tras reunirnos al final de las fuertes subidas, comenzamos el descenso hacia el río Pitarque por una senda “muy antipática” por lo pedregosa de la misma. Dicha senda está jalonada por algunas cruces sobre tumbas de peregrinos que allá por el año 1.354 protagonizaron una curiosa historia que se encuentra narrada en los paneles informativos de la ermita de San Pedro.

Cuando el calor empezaba a apretar, llegamos al Hostal de las Truchas donde una cerveza fresca eliminó parte del cansancio acumulado.

Mientras todo esto ocurría en el seno del grupo de “los más andarines”, los de la excursión “corta”, llorosos por la ausencia del lesionado Alejandro, ya se habían encargado de pasar una buena parte de la mañana conociendo el pueblo de Villarluengo, medio despoblado por que casi la mitad de sus 170 habitantes se habían ido a la romería, pero eso sí, tuvieron la deferencia de dejar todos los distintivos que dan fama al lugar: El Ayuntamiento (siglo XVI), la Iglesia de la Asunción y sus torres gemelas, los restos de la Muralla, el precioso mirador del Balcón de los Forastero con unas panorámicas espectaculares del río Cañadas y sus hoces, etc.

Villarluengo

Una bien visto y casi aprendido de memoria todas las casas del pueblo, se inició el descenso hacia el Hostal de las Truchas donde una que llegaron los de “la larga” se disfrutó de una muy buena comida y del consabido alboroto que se forma habitualmente y que va “in crescendo” conforme el vino va pasando de las botellas al interior de los cuerpos de los comensales.

Al regreso a Zaragoza, todavía quedó tiempo para hacer una breve parada en el mirador de los Órganos de Montoro cuya visión provocó la admiración de todo el mundo y cientos de fotos.

Los Organos de Montoro

 

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